IMPACTO DE LOS RIESGOS NATURALES

 

 

El 25 de septiembre de 1962, más de 800 personas perdieron la vida como consecuencia de la crecida súbita de los ríos Besós y Llobregat y de sus afluentes más cercanos a la desembocadura, en un episodio en el que se recogieron cerca de 250 mm en poco más de dos horas (Llasat, 1987). Los daños fueron evaluados en lo que actualmente serían 16 millones de euros. Desde entonces se han producido once inundaciones de carácter “catastrófico”  en Catalunya (1971, 1977, 1982, 1987, 1988, 1989, 1994 i 2000), algunas en el mismo año. Es necesario añadir 24 inundaciones de tipo “extraordinario” y una mayor  cantidad del tipo ‘ordinario’. Las inundaciones catastróficas más recientes en Catalunya, el 10 de junio de 2000, con una lluvia acumulada de 215 mm en tres horas, produjeron 65 millones de euros de pérdidas y 5 víctimas mortales.

 

 

  

La zona afectada por las inundaciones de 1962 antes y después.

 

En lo que se refiere a España, entre el 1950 y el 1999, 2.200 personas perdieron la vida a consecuencia de las inundaciones (de las cuales 1.400 fueron en Catalunya) y los daños materiales fueron de una media de 301.000.000 € por año (Dolz, 1993; Berga, 1995). El Consorcio de Compensación de Seguros (CCS)  pagó entre 1971 y el 2002 un total de 1.574.530.945 € en concepto de daños por inundaciones en España, lo cual equivale a un 78,86% del total, esto evidencia el papel relevante de las inundaciones por encima de cualquier otro riesgo previsto por el CCS (www.consorseguros.es). Ya en el arco mediterráneo occidental, las inundaciones del 8 de septiembre de 2002 en el Gard (Lenguadoc-Rosellón, Francia), en las que se recogieron 687 mm en 24 horas, dieron lugar a 23 muertos y pérdidas valoradas en 1,2 millones de euros, mientras que las registradas en la Lombardia (Italia) entre el 13 y el 27 de noviembre de 2002, en conjunción con deslizamientos de terreno, produjeron daños privados valorados en 8.182.000 € y públicos en 5.430.000 €.

 

 

Presa del río sobre Crieulon durante las inundaciones de 2002. (Fuente: CME)

 

Entre el 1987 y el 2002, del total de las coberturas pagadas por el CCS en España, más de un 88% fueron por desastres naturales, con un 85,28% en concepto de inundación, un 1,07% por terremoto y un 1,90% por tormenta ciclónica atípica. Claramente se desprende que la causa “inundación” es la que soporta más peso de la siniestralidad. Respecto a los incendios forestales, que es el segundo riesgo por orden de importancia en el arco mediterráneo occidental, los daños solo están previstos parcialmente dentro de la causa “incendio” y no es posible discriminarlos.

 

El principal factor del aumento de los desastres es la extensión del tejido urbano en zonas de riesgo. Otro factor peligrosamente importante es la pérdida de la memoria histórica (el recuerdo de que en el pasado ya habían sucedido desastres en una zona determinada). Esta pérdida de memoria es debida a la movilidad de la población, y esta movilidad ha favorecido la ignorancia de los ciudadanos sobre los espacios donde viven. Así, numerosas personas no comprenden siempre el grado de riesgo al que están expuestas hasta el punto de ignorar, o incluso de abandonar prácticas simples de prevención. Hay que sumar a esto, la ocupación que se está haciendo del territorio (con poco conocimiento de los riesgos naturales, poca previsión y falta de información sobre las técnicas y la normativa disponible).

 

 

 

Zona urbanizada afectada por un incendio forestal (Fuente: Gama)

 

Integrada dentro de una estrategia preventiva global, la información se ha convertido en una prioridad en numerosos países. Muchos organismos públicos encargados de la prevención de los riesgos se basan cada vez más en las estructuras de proximidad, como las asociaciones, con el fin de llevar a cabo sus políticas de información.  

 

 

Impacto del agua en un bosque de la isla de Córcega, Francia (Fuente: Gama)

 

Es en este marco donde se desarrolla la propuesta de la web EDRINA.